martes, 28 de julio de 2015

Trastornos de la personalidad y Ley



Los trastornos de personalidad se caracterizan por ser patrones permanentes e inflexibles de comportamiento y de experiencia interna que aparecen en la adolescencia, son estables a lo largo del tiempo  y conllevan a malestar o perjuicios para el sujeto. Es la inflexibilidad lo que convierte la manera personal de ver el mundo, de relacionarse y de sentir (rasgos de personalidad) en conductas desadaptativas y en trastornos.

 

La persona, aunque reconoce sus peculiaridades, no le resultan desagradables, perturbando más a su entorno; en las “neurosis”, por el contrario, la persona sufre por los síntomas que padece y los considera anormales. Por lo tanto, a los diferentes tipos de maneras de ser o intensidad de los trastornos de la personalidad se les llaman rasgos; éstos, son patrones persistentes de la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno y de uno mismo que se ponen de manifiesto sobre una amplia gama de contextos sociales y personales. Los rasgos sociales constituyen trastornos de la personalidad cuando son inflexibles, desadaptativos y persistentes, y cuando causan deterioro funcional significativo.

1.      Rasgos leves: son características de poca intensidad y que no representan conflictos consigo mismo no con los demás.

2.       Rasgos moderados: constituyen características de intensidad intermedia y que ya representan cierto nivel de conflicto y de alteración funcional.
3.       Rasgos marcados: consisten en características de gran intensidad, con problemas de impulsividad, agresividad, intolerancia a la frustración, labilidad emocional y escaso control de los impulsos, que terminan por constituir una personalidad anormal.
Estos trastornos se dividen en tres grupos:

GRUPO A: son sujetos extraños o extravagantes, reacios a las relaciones sociales. Existe asociación (genética o familiar) con los trastornos psicóticos; son frecuentes las alteraciones cognitivo-perceptuales.
- Paranoide: antes conocida como personalidad querulenta o litigante. Se caracteriza por la desconfianza y suspicacia que hace que se interpreten maliciosamente las intenciones de los demás. Por tal motivo asume una posición defensiva contra el mundo. Sus mecanismos de defensa los llevan a ser agresivos con los demás. En su hostilidad, se mantiene alejado, y aunque en el fondo desea relacionarse con otros, no lo hace por incapaz de aceptar las necesidades afectivas. Generalmente, estas personas han tenido madres o padres agresivos y paranoides. Hacen del mundo el mismo campo de batalla que fue su hogar, y se defienden atacando. El trastorno es mas frecuente en varones; aparte de desconfiados, son rígidos, radicales, hipersensibles y con frecuencia precede al desarrollo de un trastorno delirante (paranoia). Muchos dictadores desarrollan fuertes rasgos paranoides sintiéndose amenazados por casi cualquier persona, lo que se traduce por desgracia en persecuciones y “depuraciones”.
-  Esquizoide: Es un patrón de desconexión de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional. Se caracteriza por ser un patrón general de distanciamiento de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional en el plano interpersonal, que comienza al principio de la vida adulta. En su infancia, pudo haber falta de afecto; de niño fue tímido y dócil. Durante la adolescencia se mantiene alejado y en la edad adulta experimenta lo sexual como una necesidad fisiológica, despojada de contenido emocional; se muestra indiferente a los halagos o a las críticas de los demás.
-  Esquizotípico: tienen alteraciones del pensamiento (pensamiento “mágico”), la percepción (ilusiones y despersonalización). El lenguaje y la conducta; no alcanzando criterios de esquizofrenia. Pueden presentar episodios psicóticos breves; tienden a la marginación (vagabundos, indigentes) o a refugiarse en grupos sectarios.

GRUPO B: son sujetos inmaduros o inestables emocionalmente; presentan asociación con los trastornos afectivos, los somatomorfos y el abuso de sustancias, hay alteración en cuanto al control de los impulsos y de la regulación del afecto.
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                    DISOCIAL (antisocial, psicópata, sociópata): se presenta un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás. Se puede presentar desde los 15 años de edad. Estas personas no se adaptan a las normas de comportamiento legal. Esto motiva que lo detengan repetidamente. Miente con facilidad y se caracteriza por ser estafador, es irritable, agresivo, irresponsable, incapaz de conservar un trabajo y de atender deberes económicos. Carece de remordimiento por el daño que le hace a los demás. Por estos motivos, se ve envuelto fácilmente en problemas con la justicia.
Su capacidad mental es normal o superior, gozan de gran atractivo social, el cual logran mediante la astucia, la estafa y la maña.
La conducta antisocial se puede enseñar al niño, sobre todo cuando éste observa al padre que miente y engaña, lo que le hace creer que las normas sociales rigen para otros, mientras que a ellos les está permitido mentir, robar, incluso matar, sin tener que sentirse culpables por ello. Presentan gran riesgo de abuso o dependencia de sustancias. Destaca su frialdad, su falta de miedo y la incapacidad de  aprender conductas socialmente aceptadas a pesar del castigo.
Tradicionalmente, se han distinguido dos tipos en este trastorno: el antisocial y el disocial:
             
Tipo antisocial: se manifiesta desde la infancia o la pre-adolescencia. De joven es mentiroso y mal estudiante. De adulto, será incapaz de adaptarse al matrimonio o a la familia. No tiene lealtad ni moral para nadie ni para nada. Es capaz de cometer los peores crímenes y aberraciones. La rehabilitación es poco satisfactoria. Su declinación después de los 40 años, se atribuye al envejecimiento biológico.

Tipo Disocial: es producto del medio social, es capaz de mostrar lealtad y moral para con los compañeros del su grupo y sus familiares. Puede responder al aprendizaje rehabilitador, y suele ser más responsable y menos manipulador que el antisocial. No tiende a las aberraciones y raramente comete delitos graves.
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                 Borderline ó límite: es más frecuente en mujeres; comienza al principio de la edad adulta. Se presenta un patrón de inestabilidad en todos los aspectos de la personalidad  (relaciones interpersonales, autoimagen, conducta, estado de ánimo) y los efectos. Los individuos que lo presentan realizan esfuerzos inconmensurables para no sufrir abandonos reales o imaginarios; y aunque tienden a mejorar con los años, tienen sentimientos crónicos de vacío, impulsividad (autolesiones, suicidio), existe la posibilidad de episodios psicóticos breves; hay intolerancia al abandono e incapacidad de establecer relaciones estables.
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                                   Narcisista: son personas que necesitan la admiración de los demás, para lo que no dudan en explotarles, con marcado egoísmo; son hipersensibles a la crítica, buscan su exhibicionismo, tendiendo a las fantasías de grandeza para no dejar de sentirse importantes. Tienen la autoestima baja y son tendentes a la depresión. Es fácil encontrar fuertes rasgos narcisistas en algunos líderes políticos o personajes de relevancia social. Son pretenciosos, suelen envidiar a los demás y creyendo que los demás los envidian a ellos. Su actitud es soberbia y arrogante.
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                     Histriónico: es más frecuente en las mujeres; son personas dependientes, con necesidad constante de apoyo, pero sin establecer relaciones profundas; seductores (utilizan la sexualidad como medio para captar la atención de los demás) y teatrales en sus relaciones, intentan manipular en su provecho, reaccionando de forma infantil a la frustración; emocionalmente suelen ser superficiales y cambiantes. No se sienten cómodos cuando no son el centro de atención.

GRUPO C: son sujetos temerosos, ansiosos; asociados con los trastornos de ansiedad:
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                   Dependiente: es muy frecuente, sobre todo en mujeres; son pasivos, no asumen responsabilidades, ni toman decisiones si no cuentan con un excesivo consejo y reafirmación de los demás; son sumisos y pegajosos, con escasa autoestima e incapaces de valerse por sí mismos. Suelen establecer relaciones patológicas (masoquistas) con otros trastornos de la personalidad, sin posibilidad de romper las mismas por el miedo a la soledad y la excesiva necesidad de ser cuidados. Temen expresar su desacuerdo con los demás por el temor a perder apoyo o aprobación. Se sienten incómodos y desamparados cuando se encuentran solos; y cuando terminan una relación de importancia, buscan con premura otra que le dé cuidado y apoyo, ya que teme no tener quien le cuide.
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                               Obsesiva (anancástica): es más habitual en hombres, son perfeccionistas, amantes del orden, la puntualidad y el control; rígidos, con dificultad para expresar sus emociones (tienden a racionalizar) y para decidirse; pueden estar adaptados (muy trabajadores y cumplidos) hasta que algún acontecimiento vital los descompensa (hacia la depresión mayor). Son extremadamente meticulosos y desconfiados, la desconfianza, insatisfacción, la terquedad y la repetición son unas de sus características. Son perfeccionistas, inseguros, insistentes en detalles. En un grado patológico pueden esclavizarse por las reglas y detalles sin importancia. Si ocupa una posición jerárquica, suele convertirse en un jefe impertinente, que mortifica a sus subalternos con el cumplimiento de minucias. En su historia hay padres autoritarios y desarrollos rígidos.

Podemos resumir entonces, que los trastornos de personalidad son una serie de alteraciones del modo de ser y del comportamiento de la persona, que se desvía de las normas de convivencia de la sociedad y de la cultura en la que se desenvuelve; siendo esta, una manera alterada de percibir e interpretar los acontecimientos y las personas; se inician en la infancia y en la adolescencia y son de larga evolución, poco cambiables en el tiempo o por la experiencia. La manera de ser de estas personas produce, en algunos casos, sufrimiento en ellas o en las personas de su entorno. Desde el punto de vista médico-legal el trastorno de personalidad más importante es el Trastorno de personalidad Disocial o Antisocial, en el cual se desencadena un desajuste social gradual que al final convierte al individuo en un verdadero inadaptado social. Sin embargo, estas alteraciones en la conducta y personalidad no alcanzan la gravedad y la importancia de un verdadero trastorno mental y los sujetos que lo exhiben mantienen la integridad de sus facultades intelectuales, de juicio, de raciocinio y discernimiento de sus actos; por lo tanto, mientras cuente con estas últimas características, se considerará una persona responsable de cualquier delito que le este siendo imputado.

Bibliografía
  1. Chinchilla Moreno A. Brevario de urgencias psiquiátricas. Barcelona: Elsevier Masson, 2011.
  2. Gómez-Restrepo… [et al.]. Fundamentos de psiquiatría clínica: niños, adolescentes y adultos. Bogotá: 1ª. Ed. Centro Editorial Javeriano, 2002.
  3. Pérez-Villamil A. Manual CTO de medicina y cirugía. Psiquiatría 8ª Edición. Grupo CTO Editorial. 2011.
  4. Sadock B. y Sadock V. Kaplan & Sadock. Manual de bolsillo de psiquiatría clínica. Barcelona: 5ª. Ed. Lippincott Williams & Wilkins, 2011.
  5. Vargas Alvarado E. Medicina forense psiquiátrica. Editorial Trillas, S.A. de C.V. México
  6. Verde Aponte F. y Alvarado Yolanda. Psiquiatría forense, penitenciaria y criminología. Livrosca C.A. Caracas 2006.




lunes, 20 de julio de 2015

Ejemplo #2 del tema: Trastornos afectivos y Ley

10 famosos con trastorno afectivo bipolar, cada imagen contiene una leyenda con características de la enfermedad en estas personas:

Ejemplo #1 del tema: Trastornos afectivos y Ley

Mujer envenenó a sus hijos y luego intentó suicidarse en Zulia

La mujer que perdió la custodia legal de los dos infantes hace dos años, identificada como Yelitza Josefina Peña Aldana, intentó suicidarse tras envenenarlos
En horas de la tarde de este sábado, se registró el envenenamieto de dos niños de 9 y 14 años, de la mano de su madre en su vivienda, ubicada en el barrio Altamira sur del sector Pomona, en Maracaibo.
La mujer que perdió la custodia legal de los dos infantes hace dos años, identificada como Yelitza Josefina Peña Aldana, intentó suicidarse tras envenenarlos.
Las víctimas estaban de visita en la residencia de su madre en el momento del suceso. Fueron trasladados al Hospital Chiquinquirá, donde se encuentran en estado de observación. 

Peña Aldana fue llevada al Hospital General del Sur, reseñó el diario regional Panorama en su portal digital.

Trastornos afectivos y Ley



Los trastornos afectivos son enfermedades en las cuales  se altera fundamentalmente la afectividad o el humor de las personas; dicha alteración puede consistir en estados de ánimo depresivo o un estado de ánimo elevado.

Dentro de los trastornos afectivos nos encontramos los siguientes cuadros clínicos:
-          Episodios depresivos
-          Episodios maníacos
-          Episodio mixto
-          Episodio hipomaníaco
-          Trastorno distímico
-          Trastorno bipolar I y II
-          Trastorno ciclotímico 

Episodio depresivo mayor: durante un período no menor de dos semanas, existe un estado deprimido o pérdida de interés o placer en la mayoría de las actividades.
Se deben experimentar, además cuatro síntomas de una lista que contiene:
1.      Cambios de apetito o de peso
2.      Cambios del sueño o de la actividad psicomotora (insomnio, muy frecuente)
3.      Falta de energía
4.       Sentimientos de infravaloración, inutilidad o culpa
5.      Dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones
6.      Pensamientos recurrentes de muerte
7.      Ideación, planes o intentos suicidas

Un episodio depresivo mayor no es atribuible a efectos de drogas, medicamentos o tóxicos. Raras veces se involucra en acciones delictivas. El acto que con más frecuencia planifica y ejecuta es el suicidio; esta planificación puede incluir el homicidio de sus seres queridos, guiados por ideas delirantes, nihilistas, seguido del acto suicida. Sin embargo, pueden fallar en el suicidio luego de ejecutar el homicidio y esto los convierte en autores materiales de un hecho criminal grave, situación que sin lugar a dudas agrava su cuadro depresivo, y que será predisponente para futuros intentos suicidas. Algunos depresivos pueden declararse culpables de delitos que no cometieron con el único propósito de obtener castigo, repudio y reclusión.

Episodio maníaco: Clasificaciones del DSM-IV y CIE-10 coinciden en el número de síntomas para este cuadro. Esto es, tres síntomas si el estado de ánimo es disfórico, y 4 si es de naturaleza irritable.
Los criterios son los siguientes:
1.      Período de ánimo anormal y persistentemente elevado (expansivo o irritable), que dura por lo menos una semana. Cuando es necesaria la hospitalización, no cuenta el tiempo.
2.      Persistencia de tres o más de los síntomas siguientes durante el período de alteración:
a.       Autoestima exagerada o grandiosidad
b.      Disminución de la necesidad del sueño
c.       Verborreico o hablador
d.      Fuga de ideas, aceleración del pensamiento
3.      Propensión a la distracción (se desvía fácilmente hacia cualquier estímulo externo). Agitación psicomotora o aumento de la actividad intencional.
4.      Excesiva implicación en actividades placenteras con posibles consecuencias graves (indiscreciones sexuales o inversiones económicas riesgosas).


El trastorno del estado de ánimo provoca deterioro laboral o de las actividades habituales, y exige hospitalización. Los síntomas no corresponden a efecto de droga, medicamento, tratamiento o enfermedad médica.

Son los pacientes maníacos, en su fase aguda, los más proclives a envolverse en actos criminales, particularmente porque en ellos predomina una marcada exaltación del ánimo y una evidente agitación psicomotriz, hecho que los convierte en sujetos irritables e hiperactivos, incurriendo a veces en escandalosas perturbaciones del orden público, abusos incontrolados de alcohol o sustancias estupefacientes e incluso transgresiones a normas fundamentales de comportamiento que incluyen delitos de tipo sexual.

Lo más frecuente es observar como el paciente maníaco llega a involucrarse en acciones contra la propiedad guiado por ideas delirantes megalománicas o de grandiosidad en los cuales se siente poseedor de grandes bienes y fortuna, con un afán desmedido en el gasto, siendo este dispendioso e incontrolado (p.ej. estafas, empresas fraudulentas y dilapidación de fortunas o bienes).

Cuando son contrariados pueden responder de forma violenta debido a exaltaciones del humor o a estados de irritabilidad. Esta respuesta explosiva puede conllevar a agresión a bienes y personas, pero como un acto inminentemente impulsivo. Generalmente no llegan  al homicidio, pues hay en ellos una total falta de premeditación debido a, fundamentalmente, la aceleración del curso del pensamiento (fuga de ideas), que le impide la presencia de ideas perseverantes.

Episodio mixto: Se alternan con rapidez síntomas de episodio depresivo mayor con aquellos de episodio maníaco. Su duración es mayor de una semana; y la alteración es suficientemente grave para causar deterioro social, laboral o requerir hospitalización. Los pacientes pueden estar desorganizados en el pensamiento o en el comportamiento.

Episodio hipomaníaco: los criterios del DSM-IV son los siguientes:
1.      Período delimitado (mayor de cuatro días) durante el cual hay un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado. Durante el período del trastorno han persistido tres o más de los síntomas siguientes:
a.       Autoestima exagerada o grandiosa
b.      Necesidad de sueño disminuida
c.       Verborreico y hablador
2.      Fuga de ideas o pensamiento acelerado
3.      Fácil distracción antes estímulos externos
4.      Agitación psicomotora o aumento de la actividad intencional. Se involucra exageradamente en actividades placenteras y con potencial de consecuencias graves
a.       Episodio asociado a cambio de actividad
b.      Alteración de ánimo y de cambio de actividad, que es notorio para los demás
c.       Episodio que no tiene gravedad de provocar deterioro laboral o social
d.      Los síntomas no son atribuibles al efecto de droga, medicamento o tratamiento, ni a enfermedad médica.

Episodio distímico: Es un estado de ánimo crónicamente depresivo, presente la mayor parte del día, al menos durante dos años. Se describen como tristes o “desanimados”. Durante los periodos depresivos puede haber alteraciones del apetito, alteraciones del sueño, falta de energía y cansancio, baja autoestima, desesperanza y dificultad para concentrarse. No se acepta diagnóstico de trastorno distímico si alguna vez presentó episodio maníaco, mixto o hipomaníaco, o si hubo criterios para trastorno ciclotímico.

Trastorno bipolar I: la característica principal es un curso con uno o más episodios maníacos o mixtos. Es un trastorno recidivante. Alrededor del 60 a 70% de los episodios maníacos surgen inmediatamente antes o después de un episodio depresivo mayor. El intervalo entre los episodios tiende a disminuir conforme envejece el paciente. Entre los episodios maníacos o depresivos, suele haber normalidad total.

Trastorno bipolar II: Se caracteriza por la aparición de uno o más episodios depresivos mayores con al menos un episodio hipomaniaco. No debe existir ningún episodio maníaco ni mixto. Los síntomas causan deterioro o malestar clínico, social, familiar y laboral importantes.


Trastorno ciclotímico: Su característica es un trastorno del estado de ánimo crónico, con numerosos períodos hipomaniacos y otros síntomas depresivos. Durante un periodo de dos años, todos los intervalos libres tienen una duración menor de dos meses. Después de los dos años iniciales del trastorno ciclotímico, puede haber episodios maníacos o mixtos superpuestos al trastorno ciclotímico. En este caso se diagnóstica trastorno ciclotímico y trastorno bipolar I.

En términos generales, la inimputabilidad, es la regla común, ya sea en los cuadros depresivos o en los cuadros maníacos activos, aun cuando en estas ocasiones el enfermo pueda reconocer lo ilícito de sus acciones, es incapaz de controlarse, por lo profundo del trastorno que lo impulsa a actuar.

Una de las mayores dificultades en detectar el grado de imputabilidad se encuentra en que se trata de una enfermedad que evoluciona por fases, con períodos intercrisis de entera normalidad; pudiendo ocurrir que para el momento de la evaluación el individuo se encuentre en condiciones de normalidad pero no así para el momento del hecho punible. O puede ocurrir lo contrario, es decir, para el momento del delito estuviese en la fase de intercrisis y enfermo para el momento del peritaje.  

Por ello no es fácil determinar el estado mental para el momento del delito, sin embargo, asumiendo  que un individuo con esta patología presente como primer síntomas de la enfermedad una alteración que lo lleve a violar una norma y se note en aparente normalidad en ese período.


Bibliografía
  1. Chinchilla Moreno A. Brevario de urgencias psiquiátricas. Barcelona: Elsevier Masson, 2011.
  2. Gómez-Restrepo… [et al.]. Fundamentos de psiquiatría clínica: niños, adolescentes y adultos. Bogotá: 1ª. Ed. Centro Editorial Javeriano, 2002.
  3. Pérez-Villamil A. Manual CTO de medicina y cirugía. Psiquiatría 8ª Edición. Grupo CTO Editorial. 2011.
  4. Sadock B. y Sadock V. Kaplan & Sadock. Manual de bolsillo de psiquiatría clínica. Barcelona: 5ª. Ed. Lippincott Williams & Wilkins, 2011.
  5. Vargas Alvarado E. Medicina forense psiquiátrica. Editorial Trillas, S.A. de C.V. México
  6. Verde Aponte F. y Alvarado Yolanda. Psiquiatría forense, penitenciaria y criminología. Livrosca C.A. Caracas 2006.