sábado, 4 de julio de 2015

Trastornos psicóticos (Parte 2)

      2. Trastorno de ideas delirantes persistentes.

La característica de este trastorno es la presencia de una o mas ideas delirantes, por un termino mayor a un mes.
El delirio está en la esfera del pensamiento, y aunque el comportamiento general y las reacciones emocionales no se alteran primariamente, también es cierto que el delirio influye en ellas. El delirio consiste en falsas percepciones persistentes, inalterables, sistematizadas y lógicamente razonadas. Anteriormente se conocía esta entidad como paranoia y trastornos paranoides.

El trastorno delirante crónico tiende a presentarse en sujetos de más de 40 años de edad, con ligero predominio del sexo femenino. Esta es una forma poco frecuente de psicosis y está caracterizada por la presencia, como casi único síntoma, de un delirio bien sistematizado y monotemático, que produce una reacción emocional lógica en el paciente, pues casi siempre siente que está siendo perjudicado por alguna circunstancia, pero que apenas se acompaña de deterioro psicológico (todo el deterioro es “social”.

Kraepelin se refería a esta entidad como: “el desarrollo insidioso de un sistema delirante persistente e inconmovible, hallándose al mismo tiempo conservadas la claridad y orden del pensamiento, la voluntad y la acción”. Ocasionalmente pueden presentarse alucinaciones auditivas pero en forma poco intensa o fugaces. Estas ideas delirantes son sistematizadas y en un momento dado pueden parecer coherentes. Así pues, la persona se comporta de una manera normal e incluso puede ocultar durante mucho tiempo su delirio, hasta que actúa impulsado por sus ideas delirantes.

Los principales temas delirantes son los siguientes:

TIPO
CONCEPTO
EROTOMANÍACO
La idea delirante puede referirse a un amor romántico idealizado o a una unión espiritual, mas que a la atracción sexual. La persona idealizada puede ser alguien inalcanzable por el delirante, como es el caso de los profesores, sacerdotes, superiores en el trabajo, actores famosos, etc.
El delirante suele tratar de contactarlo mediante llamadas telefónicas, cartas, regalos, visitas e incluso acechándolo. Por lo común la idea delirante se mantiene en secreto. Algunos enfermos con este subtipo pueden verse involucrados en problemas legales en sus intentos por obtener el objeto de su idea delirante.
GRANDIOSIDAD
La idea delirante puede consistir en que el enfermo cree tener algún talento extraordinario o mantener una relación amistosa o especial con algún personaje. A veces puede tener un contenido religioso, y el enfermo cree haber recibido algún mensaje especial de la divinidad.
CELOTÍPICO
El enfermo cree que su cónyuge o compañero/a le es infiel, interpretando en su falsa percepción que cualquier persona que se acerca a su casa puede ser su amante, y trata de obtener pruebas de la infidelidad imaginada (manchas en las sábanas, investigando al supuesto rival o agrediendo a la pareja)
PERSECUTORIO
EL sujeto tiene la firma convicción de que es perseguido, engañado, espiado, envenenado o drogado, calumniado, etc. El núcleo de la idea delirante puede ser alguna injusticia que debe ser reparada mediante procedimientos legales.
SOMÁTICO
En este caso el tema central tiene relación con las funciones o sensaciones corporales. Tal es el caso de individuos que creen que emiten un olor insoportable por la piel o la boca; que un  parásito camina dentro de su cuerpo o que hay partes del cuerpo (como el intestino o las vísceras) que no funcionan.
MIXTO
Se usa esta expresión cuando no hay un tema delirante predominante.
NO ESPECIFICADO
Cuando la creencia delirante dominante no puede determinarse de forma clara.

Es el paciente con ideas delirantes el enfermo mental más peligroso, porque la existencia en ellos de ideas delirantes sistematizadas, consolidadas y con cierta lógica, pudieran ser el punto de partida hacia graves denuncias en escándalos públicos o en procesos judiciales bien establecidos. En casos extremos puede llevar a planificar determinados atentados contra sus supuestos perseguidores o victimarios, ejecutándolos con el pleno convencimiento de estar defendiendo su integridad o de hacer justicia, aunque sea por sus propias manos; generalmente no se ocultan después del delito, por el contrario, se muestran satisfechos o en actitud heroica y no es extraño que lleguen al extremo de presentarse ante un medio de comunicación para hacer alarde de la acción cometida; por lo general actúan solos y pueden mostrarse desafiantes y muy agresivos al ejecutar la acción, dando muestras de astucia y gran obstinación en el logro de sus propósitos.

En pacientes paranoicos con dotes de liderazgo, no es difícil que logren adeptos con quienes comparten sus ideas y creencias y llegan a conformar grupos de inadaptados o fanáticos, hasta llegar a verdaderas sectas (trastorno de ideas delirantes inducidas). Estos grupos particulares pueden protagonizar alteraciones del orden público, acciones terroristas y en muchos casos, atentados de figuras públicas. Cuando forman sectas pueden ser idealizados por sus seguidores, ejerciendo entonces un dominio total sobre el grupo, con la inducción a acciones graves, tales como por ejemplo, suicidios colectivos o suicidios individuales como atentados terroristas.

La inimputabilidad en estos casos es evidente, aun cuando se sabe que el individuo se comporta normalmente en la sociedad e incluso puede que en ciertos delitos se maneje con alevosía, premeditación, intencionalidad y otros elementos agravantes. Así pues, los delirantes, sobre todo los paranoicos, basan el delito en su delirio, en ideas delirantes que se pueden definir como equívocas, resistentes a toda argumentación lógica y además en las que la persona cree firmemente.

Como dice Verger: “los hechos, aunque perfectamente razonados o discernidos, entrañan la irresponsabilidad total, debido al solo hecho de ser determinados exclusivamente por un estado patológico”. O como lo señala Basile, si bien, comprenden la criminalidad del hecho, es indudable que carecen de aptitud para dirigir sus acciones.

En la fase postdelictual, es característica la pseudológica con que el delirante justifica su acción: en atentados contra el médico o el abogado, porque tiene la falsa convicción de que el profesional s el culpable de su mala salud o de la ruina de sus negocios, respectivamente.

Bibliografía

  1. Chinchilla Moreno A. Brevario de urgencias psiquiátricas. Barcelona: Elsevier Masson, 2011.
  2. Gómez-Restrepo… [et al.]. Fundamentos de psiquiatría clínica: niños, adolescentes y adultos. Bogotá: 1ª. Ed. Centro Editorial Javeriano, 2002.
  3. Pérez-Villamil A. Manual CTO de medicina y cirugía. Psiquiatría 8ª Edición. Grupo CTO Editorial. 2011.
  4. Sadock B. y Sadock V. Kaplan & Sadock. Manual de bolsillo de psiquiatría clínica. Barcelona: 5ª. Ed. Lippincott Williams & Wilkins, 2011.
  5. Vargas Alvarado E. Medicina forense psiquiátrica. Editorial Trillas, S.A. de C.V. México
  6. Verde Aponte F. y Alvarado Yolanda. Psiquiatría forense, penitenciaria y criminología. Livrosca C.A. Caracas 2006.