2. Trastorno
de ideas delirantes persistentes.
La
característica de este trastorno es la presencia de una o mas ideas delirantes,
por un termino mayor a un mes.
El
delirio está en la esfera del pensamiento, y aunque el comportamiento general y
las reacciones emocionales no se alteran primariamente, también es cierto que
el delirio influye en ellas. El delirio consiste en falsas
percepciones persistentes, inalterables, sistematizadas y lógicamente razonadas.
Anteriormente se conocía esta entidad como paranoia y trastornos paranoides.
El
trastorno delirante crónico tiende a presentarse en sujetos de más de 40 años
de edad, con ligero predominio del sexo femenino. Esta es una forma poco
frecuente de psicosis y está caracterizada por la presencia, como casi único síntoma,
de un delirio bien sistematizado y monotemático, que produce una reacción
emocional lógica en el paciente, pues casi siempre siente que está siendo
perjudicado por alguna circunstancia, pero que apenas se acompaña de deterioro
psicológico (todo el deterioro es “social”.
Kraepelin
se refería a esta entidad como: “el desarrollo insidioso de un sistema
delirante persistente e inconmovible, hallándose al mismo tiempo conservadas la
claridad y orden del pensamiento, la voluntad y la acción”. Ocasionalmente pueden
presentarse alucinaciones auditivas pero en forma poco intensa o fugaces. Estas
ideas delirantes son sistematizadas y en un momento dado pueden parecer
coherentes. Así pues, la persona se comporta de una manera normal e incluso puede
ocultar durante mucho tiempo su delirio, hasta que actúa impulsado por sus
ideas delirantes.
Los
principales temas delirantes son los siguientes:
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TIPO
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CONCEPTO
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EROTOMANÍACO
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La
idea delirante puede referirse a un amor romántico idealizado o a una unión
espiritual, mas que a la atracción sexual. La persona idealizada puede ser
alguien inalcanzable por el delirante, como es el caso de los profesores,
sacerdotes, superiores en el trabajo, actores famosos, etc.
El
delirante suele tratar de contactarlo mediante llamadas telefónicas, cartas,
regalos, visitas e incluso acechándolo. Por lo común la idea delirante se
mantiene en secreto. Algunos enfermos con este subtipo pueden verse involucrados
en problemas legales en sus intentos por obtener el objeto de su idea
delirante.
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GRANDIOSIDAD
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La
idea delirante puede consistir en que el enfermo cree tener algún talento
extraordinario o mantener una relación amistosa o especial con algún personaje.
A veces puede tener un contenido religioso, y el enfermo cree haber recibido
algún mensaje especial de la divinidad.
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CELOTÍPICO
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El
enfermo cree que su cónyuge o compañero/a le es infiel, interpretando en su
falsa percepción que cualquier persona que se acerca a su casa puede ser su
amante, y trata de obtener pruebas de la infidelidad imaginada (manchas en
las sábanas, investigando al supuesto rival o agrediendo a la pareja)
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PERSECUTORIO
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EL
sujeto tiene la firma convicción de que es perseguido, engañado, espiado,
envenenado o drogado, calumniado, etc. El núcleo de la idea delirante puede
ser alguna injusticia que debe ser reparada mediante procedimientos legales.
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SOMÁTICO
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En
este caso el tema central tiene relación con las funciones o sensaciones
corporales. Tal es el caso de individuos que creen que emiten un olor
insoportable por la piel o la boca; que un
parásito camina dentro de su cuerpo o que hay partes del cuerpo (como
el intestino o las vísceras) que no funcionan.
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MIXTO
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Se
usa esta expresión cuando no hay un tema delirante predominante.
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NO
ESPECIFICADO
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Cuando
la creencia delirante dominante no puede determinarse de forma clara.
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Es el paciente con ideas delirantes el enfermo mental
más peligroso, porque la existencia en ellos de ideas delirantes
sistematizadas, consolidadas y con cierta lógica, pudieran ser el punto de
partida hacia graves denuncias en escándalos públicos o en procesos judiciales
bien establecidos. En casos extremos puede llevar a planificar determinados
atentados contra sus supuestos perseguidores o victimarios, ejecutándolos con
el pleno convencimiento de estar defendiendo su integridad o de hacer justicia,
aunque sea por sus propias manos; generalmente no se ocultan después del
delito, por el contrario, se muestran satisfechos o en actitud heroica y no es
extraño que lleguen al extremo de presentarse ante un medio de comunicación
para hacer alarde de la acción cometida; por lo general actúan solos y pueden
mostrarse desafiantes y muy agresivos al ejecutar la acción, dando muestras de
astucia y gran obstinación en el logro de sus propósitos.
En pacientes paranoicos con dotes de liderazgo, no
es difícil que logren adeptos con quienes comparten sus ideas y creencias y
llegan a conformar grupos de inadaptados o fanáticos, hasta llegar a verdaderas
sectas (trastorno de ideas delirantes inducidas). Estos grupos particulares
pueden protagonizar alteraciones del orden público, acciones terroristas y en
muchos casos, atentados de figuras públicas. Cuando forman sectas pueden ser
idealizados por sus seguidores, ejerciendo entonces un dominio total sobre el
grupo, con la inducción a acciones graves, tales como por ejemplo, suicidios
colectivos o suicidios individuales como atentados terroristas.
La inimputabilidad en estos casos es evidente, aun
cuando se sabe que el individuo se comporta normalmente en la sociedad e
incluso puede que en ciertos delitos se maneje con alevosía, premeditación,
intencionalidad y otros elementos agravantes. Así pues, los delirantes, sobre
todo los paranoicos, basan el delito en su delirio, en ideas delirantes que se
pueden definir como equívocas, resistentes a toda argumentación lógica y además
en las que la persona cree firmemente.
Como dice Verger: “los hechos, aunque perfectamente
razonados o discernidos, entrañan la irresponsabilidad total, debido al solo
hecho de ser determinados exclusivamente por un estado patológico”. O como lo
señala Basile, si bien, comprenden la criminalidad del hecho, es indudable que
carecen de aptitud para dirigir sus acciones.
En la fase postdelictual, es característica la
pseudológica con que el delirante justifica su acción: en atentados contra el
médico o el abogado, porque tiene la falsa convicción de que el profesional s
el culpable de su mala salud o de la ruina de sus negocios, respectivamente.
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