Los trastornos de personalidad se caracterizan por ser patrones permanentes e inflexibles de comportamiento y de experiencia interna que aparecen en la adolescencia, son estables a lo largo del tiempo y conllevan a malestar o perjuicios para el sujeto. Es la inflexibilidad lo que convierte la manera personal de ver el mundo, de relacionarse y de sentir (rasgos de personalidad) en conductas desadaptativas y en trastornos.
La persona, aunque reconoce sus peculiaridades, no le resultan desagradables, perturbando más a su entorno; en las “neurosis”, por el contrario, la persona sufre por los síntomas que padece y los considera anormales. Por lo tanto, a los diferentes tipos de maneras de ser o intensidad de los trastornos de la personalidad se les llaman rasgos; éstos, son patrones persistentes de la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno y de uno mismo que se ponen de manifiesto sobre una amplia gama de contextos sociales y personales. Los rasgos sociales constituyen trastornos de la personalidad cuando son inflexibles, desadaptativos y persistentes, y cuando causan deterioro funcional significativo.
1. Rasgos leves: son características de poca intensidad y que no representan conflictos consigo mismo no con los demás.
2. Rasgos moderados: constituyen características de
intensidad intermedia y que ya representan cierto nivel de conflicto y de
alteración funcional.
3. Rasgos marcados: consisten en características de gran
intensidad, con problemas de impulsividad, agresividad, intolerancia a la
frustración, labilidad emocional y escaso control de los impulsos, que terminan
por constituir una personalidad anormal.
Estos trastornos se dividen en tres grupos:
GRUPO A: son
sujetos extraños o extravagantes, reacios a las relaciones sociales. Existe
asociación (genética o familiar) con los trastornos psicóticos; son frecuentes
las alteraciones cognitivo-perceptuales.
- Paranoide: antes conocida como personalidad querulenta o
litigante. Se caracteriza por la desconfianza y suspicacia que hace que se
interpreten maliciosamente las intenciones de los demás. Por tal motivo asume
una posición defensiva contra el mundo. Sus mecanismos de defensa los llevan a
ser agresivos con los demás. En su hostilidad, se mantiene alejado, y aunque en
el fondo desea relacionarse con otros, no lo hace por incapaz de aceptar las
necesidades afectivas. Generalmente, estas personas han tenido madres o padres
agresivos y paranoides. Hacen del mundo el mismo campo de batalla que fue su
hogar, y se defienden atacando. El trastorno es mas frecuente en varones;
aparte de desconfiados, son rígidos, radicales, hipersensibles y con frecuencia
precede al desarrollo de un trastorno delirante (paranoia). Muchos dictadores
desarrollan fuertes rasgos paranoides sintiéndose amenazados por casi cualquier
persona, lo que se traduce por desgracia en persecuciones y “depuraciones”.
- Esquizoide: Es un patrón de desconexión de las relaciones
sociales y de restricción de la expresión emocional. Se caracteriza por ser un
patrón general de distanciamiento de las relaciones sociales y de restricción
de la expresión emocional en el plano interpersonal, que comienza al principio
de la vida adulta. En su infancia, pudo haber falta de afecto; de niño fue
tímido y dócil. Durante la adolescencia se mantiene alejado y en la edad adulta
experimenta lo sexual como una necesidad fisiológica, despojada de contenido
emocional; se muestra indiferente a los halagos o a las críticas de los demás.
- Esquizotípico: tienen alteraciones del pensamiento (pensamiento
“mágico”), la percepción (ilusiones y despersonalización). El lenguaje y la
conducta; no alcanzando criterios de esquizofrenia. Pueden presentar episodios
psicóticos breves; tienden a la marginación (vagabundos, indigentes) o a
refugiarse en grupos sectarios.
GRUPO B: son
sujetos inmaduros o inestables emocionalmente; presentan asociación con los
trastornos afectivos, los somatomorfos y el abuso de sustancias, hay alteración
en cuanto al control de los impulsos y de la regulación del afecto.
ü
DISOCIAL
(antisocial, psicópata, sociópata): se presenta un patrón de desprecio y violación de los derechos de los
demás. Se puede presentar desde los 15 años de edad. Estas personas no se
adaptan a las normas de comportamiento legal. Esto motiva que lo detengan
repetidamente. Miente con facilidad y se caracteriza por ser estafador, es
irritable, agresivo, irresponsable, incapaz de conservar un trabajo y de
atender deberes económicos. Carece de remordimiento por el daño que le hace a
los demás. Por estos motivos, se ve envuelto fácilmente en problemas con la
justicia.
Su capacidad mental es normal o superior, gozan de
gran atractivo social, el cual logran mediante la astucia, la estafa y la maña.
La conducta antisocial se puede enseñar al niño, sobre
todo cuando éste observa al padre que miente y engaña, lo que le hace creer que
las normas sociales rigen para otros, mientras que a ellos les está permitido
mentir, robar, incluso matar, sin tener que sentirse culpables por ello.
Presentan gran riesgo de abuso o dependencia de sustancias. Destaca su
frialdad, su falta de miedo y la incapacidad de
aprender conductas socialmente aceptadas a pesar del castigo.
Tradicionalmente, se han distinguido dos tipos en este
trastorno: el antisocial y el disocial:
Tipo
antisocial: se manifiesta desde la infancia o la pre-adolescencia. De
joven es mentiroso y mal estudiante. De adulto, será incapaz de adaptarse al
matrimonio o a la familia. No tiene lealtad ni moral para nadie ni para nada.
Es capaz de cometer los peores crímenes y aberraciones. La rehabilitación es
poco satisfactoria. Su declinación después de los 40 años, se atribuye al
envejecimiento biológico.
Tipo
Disocial: es producto del medio
social, es capaz de mostrar lealtad y moral para con los compañeros del su
grupo y sus familiares. Puede responder al aprendizaje rehabilitador, y suele
ser más responsable y menos manipulador que el antisocial. No tiende a las
aberraciones y raramente comete delitos graves.
ü
Borderline ó
límite: es más frecuente en mujeres; comienza al principio de
la edad adulta. Se presenta un patrón de inestabilidad en todos los aspectos de
la personalidad (relaciones
interpersonales, autoimagen, conducta, estado de ánimo) y los efectos. Los
individuos que lo presentan realizan esfuerzos inconmensurables para no sufrir
abandonos reales o imaginarios; y aunque tienden a mejorar con los años, tienen
sentimientos crónicos de vacío, impulsividad (autolesiones, suicidio), existe
la posibilidad de episodios psicóticos breves; hay intolerancia al abandono e
incapacidad de establecer relaciones estables.
ü
Narcisista: son personas que necesitan la admiración de los demás,
para lo que no dudan en explotarles, con marcado egoísmo; son hipersensibles a
la crítica, buscan su exhibicionismo, tendiendo a las fantasías de grandeza
para no dejar de sentirse importantes. Tienen la autoestima baja y son
tendentes a la depresión. Es fácil encontrar fuertes rasgos narcisistas en
algunos líderes políticos o personajes de relevancia social. Son pretenciosos,
suelen envidiar a los demás y creyendo que los demás los envidian a ellos. Su
actitud es soberbia y arrogante.
ü
Histriónico: es más frecuente en las mujeres; son personas
dependientes, con necesidad constante de apoyo, pero sin establecer relaciones
profundas; seductores (utilizan la sexualidad como medio para captar la
atención de los demás) y teatrales en sus relaciones, intentan manipular en su
provecho, reaccionando de forma infantil a la frustración; emocionalmente
suelen ser superficiales y cambiantes. No se sienten cómodos cuando no son el
centro de atención.
GRUPO C: son
sujetos temerosos, ansiosos; asociados con los trastornos de ansiedad:
ü Evitativa (fóbica): muestran hipersensibilidad a la humillación y al rechazo, deseando el
contacto social (diferencia con los esquizoides), lo evitan por vergüenza y por
su baja autoestima; están muy cercanos a la fobia social. El entorno los
califica como muy tímidos. Evitan actividades académicas que impliquen un
contacto interpersonal importante. Solo hacen nuevos amigos cuando están
seguros de que serán apreciados y aceptados sin críticas. Todo ello los lleva
al aislamiento social. Son reacios a involucrarse en nuevas actividades que
puedan comprometerlos.
ü
Dependiente: es muy frecuente, sobre todo en mujeres; son pasivos,
no asumen responsabilidades, ni toman decisiones si no cuentan con un excesivo
consejo y reafirmación de los demás; son sumisos y pegajosos, con escasa
autoestima e incapaces de valerse por sí mismos. Suelen establecer relaciones
patológicas (masoquistas) con otros trastornos de la personalidad, sin
posibilidad de romper las mismas por el miedo a la soledad y la excesiva
necesidad de ser cuidados. Temen expresar su desacuerdo con los demás por el
temor a perder apoyo o aprobación. Se sienten incómodos y desamparados cuando
se encuentran solos; y cuando terminan una relación de importancia, buscan con
premura otra que le dé cuidado y apoyo, ya que teme no tener quien le cuide.
ü
Obsesiva (anancástica): es más habitual en hombres, son perfeccionistas,
amantes del orden, la puntualidad y el control; rígidos, con dificultad para
expresar sus emociones (tienden a racionalizar) y para decidirse; pueden estar adaptados
(muy trabajadores y cumplidos) hasta que algún acontecimiento vital los
descompensa (hacia la depresión mayor). Son extremadamente meticulosos y
desconfiados, la desconfianza, insatisfacción, la terquedad y la repetición son
unas de sus características. Son perfeccionistas, inseguros, insistentes en
detalles. En un grado patológico pueden esclavizarse por las reglas y detalles
sin importancia. Si ocupa una posición jerárquica, suele convertirse en un jefe
impertinente, que mortifica a sus subalternos con el cumplimiento de minucias.
En su historia hay padres autoritarios y desarrollos rígidos.
Podemos resumir entonces, que los trastornos de personalidad son una
serie de alteraciones del modo de ser y del comportamiento de la persona, que
se desvía de las normas de convivencia de la sociedad y de la cultura en la que
se desenvuelve; siendo esta, una manera alterada de percibir e interpretar los
acontecimientos y las personas; se inician en la infancia y en la adolescencia
y son de larga evolución, poco cambiables en el tiempo o por la experiencia. La
manera de ser de estas personas produce, en algunos casos, sufrimiento en ellas
o en las personas de su entorno. Desde el punto de vista médico-legal el
trastorno de personalidad más importante es el Trastorno de personalidad
Disocial o Antisocial, en el cual se desencadena un desajuste social gradual
que al final convierte al individuo en un verdadero inadaptado social. Sin
embargo, estas alteraciones en la conducta y personalidad no alcanzan la
gravedad y la importancia de un verdadero trastorno mental y los sujetos que lo
exhiben mantienen la integridad de sus facultades intelectuales, de juicio, de
raciocinio y discernimiento de sus actos; por lo tanto, mientras cuente con
estas últimas características, se considerará una persona responsable de
cualquier delito que le este siendo imputado.
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